Estamos a tiempo pero si esperamos podríamos perder opciones

En esta época del año suele hacerse un recorrido por lo que ha sucedido en los últimos doce meses, los proyectos que han salido adelante, los nuevos clientes que hemos incorporado a nuestra cartera, las operaciones que tenemos en marcha, los servicios que hemos añadido, los productos que hemos incorporado y, como no puede ser de otra manera, todo lo que por un motivo u otro, no ha resultado como teníamos pensado.

También aprovechamos para, por una parte, intentar darle un último empujón al negocio y por la otra hacer planes para el próximo año, todo lo que vamos a tratar de mejorar, nuevos planteamientos en algunos ámbitos, continuar con las adaptaciones al entorno.

Ya sabemos cuál es la situación que tenemos desde el punto de vista económico pero, precisamente por ese motivo, tenemos que lograr ser más eficaces, diferenciarnos de nuestros competidores y aportar un valor diferencial.

Teniendo en cuenta que los ámbitos con una mayor proyección y visibilidad exterior son fundamentales para cualquier negocio, en mi opinión, no debemos descuidar otros ámbitos más interiores y menos visibles, pero que, sin lugar a dudas afectan de una forma positiva o negativa a la percepción de la empresa que tienen los clientes o potenciales.

Me refiero por ejemplo a los procesos internos de la compañía, la manera que tiene la empresa de trabajar, de hacer las cosas, en todas las áreas y departamentos.

Cuanto más claro y definido tengamos cuál es la mejor manera posible de llevar a cabo las diversas tareas que integran el funcionamiento de la empresa, mejores resultados obtendremos con las acciones a realizar y mayores garantías lograremos para la continuidad del negocio.

Normalmente la marcha diaria del negocio no nos permite dedicar tiempo a revisar si son los más acertados o adecuados para la empresa, teniendo en cuenta sus particularidades y requerimientos, por lo que no tenemos la oportunidad de mejorarlos y con ello incrementar nuestra calidad y eficacia.

Cualquier momento es bueno para implantar medidas que permitan ahorrar tiempo o recursos, pero cuanto antes mejor, ya que hemos llegado hasta aquí, ¿por qué no estar más preparados para afrontar con un mayor éxito algunas situaciones que se nos han planteado y que sin duda van a aparecer de nuevo en el futuro?

Por desgracia, suele costarnos mucho tomar la decisión de contratar los servicios de un profesional externo, que pueda darnos soporte y apoyo en la detección de los diferentes aspectos que son susceptibles de mejoras concretas y medibles.

Como es obvio, no debemos creer en fórmulas magistrales ni en planteamientos de talla única, puesto que cada negocio o empresa, incluso formando parte del mismo sector, tiene su singularidad y como tal requiere de un enfoque personalizado y adaptado a sus características y circunstancias.

Lo único cierto es que todavía estamos a tiempo de ponernos en marcha, siempre tenemos aspectos que mejorar pero, si esperamos para hacerlo, puede que nunca tengamos una oportunidad tan buena como ahora y hayamos perdido alguna opción al no hacerlo.

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